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3 formas de estar presente y en calma pese a todo

Cada día vemos cómo las prácticas ancestrales de oriente son emuladas en nuestro ajetreado mundo occidental como una manera de hacer frente al estrés que vivimos en las ciudades.
Hacemos yoga, meditamos, practicamos mindfulness (o atención plena), entre otras. Sin embargo, es importante enfatizar que estas prácticas están pensadas como una forma de vida y no como algo que hagamos ocasionalmente sólo cuando me sienta estresado, tenso o sienta algún dolor físico que me recuerde que nos estamos pasando de revoluciones. Es muy común ver que mis pacientes deciden comenzar a meditar o practicar yoga cuando ya están sobrepasados, durándoles el impulso con suerte un par de semanas. Es igual de inútil que elongar un músculo que ya se destruyó. Sí, puede ayudar en algo, pero es un poco tarde.
Lo que debemos hacer es utilizar estás prácticas como nuestros sistemas operativos, es decir, mantenernos constantemente escaneando cómo nos sentimos y reaccionamos ante lo que nos pasa.
No olvidemos que nuestra mente es reactiva a los diferentes estímulos que nos rodean. Éstos disparan nuestras emociones y determinan nuestro bienestar. Por ejemplo, si tu pareja lleva 20 minutos de retraso cuando habían quedado que se quedara con los niños para que pudieras salir con tus amigas, tu mente va a disparar inmediatamente las emociones asociadas a dicho evento: “me la hizo de nuevo!, cree que sólo su trabajo es importante, no me valora en lo absoluto….!” y un GRAN etcétera que genera displacer y aún más estrés en nuestro organismo.
Por lo tanto, aprender a mantenernos no reactivos a los estímulos es la clave. ¿Significa eso dejar de vivir apasionadamente? Para nada. Vive, ama, ríe y aprende, pero no te alimentes del drama. Aprende a identificar tus emociones y los pensamientos que las gatillan, de manera de poder ser conscientes de éstos y regular nuestras respuestas. Así, la próxima vez que mi pareja venga atrasado, reconocer lo que me está ocurriendo y tomar acciones para elegir un camino alternativo, que me estrese menos y me permita comunicar mi molestia asertivamente y no desde la rabia.
Acá te dejo 3 estrategias que puedes empezar a aplicar desde ya para ir desarrollando poco a poco esta habilidad:
  1. Usa todos tus sentidos.

Si tus pensamientos están causando que la tensión te domine, toma un momento para detenerte y concentrarte en las sensaciones que vives en el momento. ¿Qué colores ves? ¿Qué puedes oler? ¿Cómo se siente tu cuerpo? ¿Cómo se siente la tela de la blusa que llevas puesta?

Conectarnos con nuestras sensaciones nos ayuda a volver al momento y no permitir que tus pensamientos tomen el control.

  1. No olvides respirar.

La respiración diafragmática profunda es una de las formas más efectivas para detener el estrés y la ansiedad y traerte al presente. Tomar algunas respiraciones profundas desde el vientre y luego exhalar, repitiendo por lo menos 15 veces. Con cada respiración, recuérdate que está viviendo el aquí y el ahora. Que este momento es el único que importa, y que estás exactamente donde tienes que estar.

  1. Sácate los zapatos.

Los estudios demuestran que el estar descalzo te conecta con la energía de la tierra, lo que puede tener grandes beneficios en la reducción del estrés. Además, es una excelente manera de salir de tu cabeza y centrarte.

A veces, cuando nos vemos invadidos de ansiedad, sensaciones en el estómago o pensamientos negativos es necesario cerrar los ojos, conectarnos con nosotros mismos, respirar e invocar buenas energías y paz.

Si nos vemos en este caso ahora, es momento de actuar ya.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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