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¿Cómo distinguir entre amor y deseo?

El amor y el deseo no son lo mismo, ni para ellos ni para nosotras y si bien se relacionan fuertemente en la etapa del enamoramiento (momento en que sentimos y deseamos con gran intensidad) muchas veces el paso del tiempo hace que amor y deseo entren en conflicto, amando sin desear.

Cuando amamos el otro se vuelve central en nuestra vida por lo que nos preocupa el bienestar de esta persona, nos sentimos responsable de cuidarlo y hacerle sentir seguro, en este sentido el amor se caracteriza por minimizar las distancias, buscando cercanía. El deseo en cambio tiene que ver más con el yo que con el tú, ya que es lo que “yo quiero” no lo “que tú necesitas” por lo tanto es una expresión de libertad y autonomía y se relaciona con la distancia e inestabilidad porque uno desea lo que no tiene.

Estas diferencias explican por qué a muchos y muchas les sucede que su deseo se enciende mientras se sienten poco implicados emocionalmente con alguien, por ejemplo al comienzo de una relación ya que aun se sienten libres y autónomos. O desean a personas que conocen poco y les resultan misteriosas o inalcanzables y en la medida que se vuelven más reales, cercanas o rutinarias pierden este magnetismo. O porqué los chicos y chicas “malas” despiertan el deseo al no otorgarnos seguridad y ser una fuente constante de sorpresas y emociones.

En definitiva, lo que nos enciende sexualmente usualmente no es lo que nos hace sentir emocionalmente seguros, el deseo se nutre de la sorpresa, la distancia, lo inesperado, lo misterioso y la no posesión de un ser que es autónomo. Ello significa que para cultivar el deseo en una relación a largo plazo tenemos que comprometernos activamente a innovar, salir de la rutina, recargarnos a través de espacios de independencia, aprender a mirar a nuestra pareja como alguien diferente a nosotros, seducir y darnos permiso para el placer, cultivar el misterio, arrojarnos a la aventura y abandonar los roles de cuidador del otro. Es decir, el desafío es aprender a erotizar la rutina de vez en cuando, equilibrar amor y deseo. ¿Cómo?, saliendo de la comodidad y pereza, retomando actividades y estilos de conquista y comunicación propios de los inicios de la relación, teniendo claro que las ganas no llegan de forma natural sino que son el resultado de una estrategia de dos para mantener viva la pasión. Recuerde la conquista y la seducción es una tarea de nunca acabar.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com