Lo + nuevo

¿Estás lista para el verdadero amor?

En la consulta es usual escuchar de la boca de varias que se quejan de su mala suerte y cuán victimas se sienten de la injusta vida “siempre me tocan puros pasteles”. El peligro tras esta frase, cuando se aplica repetidamente a la propia realidad sentimental, es creer que las cosas me suceden y yo no tengo mayor responsabilidad (pasiva o activa) en el resultado de mis decisiones.

Particularmente en aquellos casos, en los que las situaciones de “fracasos con pasteles” se repiten recurrentemente, mi invitación suele ser a examinar qué sucede con el sujeto que elige más que tratar de sobreanalizar el problema que aqueja al objeto de elección y que “echo a perder algo podría haber sido fantástico”.

Aplico esta estrategia, porque algo de verdad tiene aquel dicho que expresaba “dime con quién andas y te diré quién eres”, es decir, no elegiríamos pasteles si no hubiese alguna parte de nosotras que también es pastel. Lógica que he comprobado repetidamente en mi consulta: gran parte de las relaciones de pareja no funcionen porque ambos integrantes ponen a interactuar no sólo lo mejor de sí sino que también entran en juego esas partes de sí mismo que aún no han trabajado y madurado como para sentirse realmente merecedoras de amor y/o capaces de entregarse y comprometerse verdaderamente. Como dice el dicho “para pelear se necesitan dos”

Quienes ya han madurado lo suficiente como para abrirse a ese tipo de amor que tanto desean, un amor maduro, positivo, saludable y satisfactorio no eligen lo que en el pasado les hacía sufrir y ni siquiera les resultan tan atractivos los “pasteles” que en épocas pretéritas las derretían.

Entonces… ¿a qué partes me refiero que debiésemos madurar? a aquellas que:

  1. Desconfían del género masculino:

Si es el fondo crees que todos los hombres son iguales y que “iguales” significa: inmaduros, mentirosos, infieles, descomprometidos, inestables o algo en la línea; difícilmente estarás abierta a encontrar a ese galán que es distinto y menos aún adoptar una postura positiva y relajada esencial para establecer una relación saludable con otro (a quien desde un principio percibes como un potencial enemigo). El poder de la mente es enorme y atrae lo que esperas hallar. Con esto no te digo que confíes a ciegas en cualquier hombre, sino que simplemente no te relaciones con ellos desde un destructivo prejuicio que te conducirá hacia quien te lo confirme.

  1. Necesitan constante validación y aprobación.

Lo más probable es que, si sientes que te has relacionado sentimentalmente con personas que no han valido la pena, haz ido albergando un número importante de inseguridades en torno a cuanto vales, cuan deseable y cuan digna de amor eres; por lo cual, puedes estar encarando tus relaciones desde esta orilla, esperando recibir una constante validación, aprobación, atención y muestras de interés para sentirte bien contigo misma y con la relación. Es decir, otorgándole a otro la responsabilidad sobre tu autoestima (que es tuya, porque es AUTO-ESTIMA, es decir, refiere al amor propio) y muchas veces queriendo obtener tal aprobación pasándote a llevar, al complacer a otros.

  1. Hacen caso omiso de las señales de advertencia.

Una de las cosas más importantes que puedes hacer para evitar caer en el mismo patrón de la persona equivocada es no guiarte por la intensidad que te hace sentir esa persona, ni por las gratificaciones corto placistas, ni por los cuentos de hadas que te cuentas a ti misma. Para ello es clave, trabajar tu inteligencia emocional y autorespeto. Si tú no te comprometes con tu propio bienestar, nadie más lo hará por ti.

  1. Se ponen aprensivas y pesimistas cuando las cosas van muy bien.

¿Te sucede que cuando te dices “Esto va muy bien” te inunda el terror, como si sintieras que se recoge la ola que dará pie a un Tsunami? Si es así, es altamente probable que ello está arraigado en una profunda creencia de que la felicidad en pareja no es para ti y que no debes creer en la relación como forma de prepararte para no sufrir o que debes esforzarte para agradar y no arruirlo todo. Lo irónico es que la tensión producida por este estado de alerta, corta el flow de la relación y las cosas que iban bien encaminadas terminan marchitándose porque tú ya no eres la misma de antes: ya no estás tan cómoda, abierta, relajada y no te comportas de manera autentica y eso el otro lo percibe y reciente.

  1. Se sienten fácilmente agobiadas y limitadas:

¿Sufres del Síndrome de “Olguita Marina”? Esto es que cuando las relaciones se vuelven muy cercanas, estables y comprometidas ¿te sientes agobiada y atrapada y quieres huir? Por lo que, quienes te ofrecen ese tipo de relación (“el chico bueno”) no te resulta tan atractivo como aquel que es más distante, inestable o difícil de conquistar, alias “el chico malo”. Si es así, hay que trabajar que te fantasías tienes en torno al ser controlada, caer en el aburrimiento y que versión tienes del amor, para darte cuenta como te auto-saboteas para llevarte la corriendo o tras de alguien o para librarte de alguien.

Comentarios

Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*