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Hasta que la muerte (o la retroalimentación nos separe)

Estamos muy contentas de presentarles a un@ de nuestr@s nuevos colaboradores!

Ella es Pam Costa, quien después de una década y media trabajando en Apple y Facebook, dejó su carrera en la alta tecnología para fundar Down to There (www.downtothere.com) y así compartir su historia de lucha con el deseo (y falta de) en su matrimonio y para inspirar a otros a buscar mejorar la intimidad en sus propias relaciones. A través de su escritura y coaching, facilita discusiones abiertas sobre el impacto negativo de las creencias culturales y sociales que recibimos sobre el sexo.

Pam vive en Cupertino, California, con su esposo y su hijo de 9 años de edad. Ella es optimista de que los desafíos en torno a la sexualidad pueden proporcionar un acceso sorprendentes para renovar y profundizar la intimidad en las relaciones.

Acá les dejamos una de sus increíbles columnas:

Hasta que la muerte (o la retroalimentación nos separe)

Las cosas iban bastante bien para mi marido y yo en nuestros primeros meses de ver a un terapeuta sexual. Solté algunas creencias no tan útiles sobre el sexo y me apropié de mi sexualidad. Aprendí lo que me gustaba y lo que no, y estaba empezando a sentirme cómoda pidiendo lo que yo quería en la cama.

Para mí, esto se sentía como el Santo Grial. Anteriormente, cuando estábamos teniendo relaciones sexuales, por lo general disfrutaba con las diversas cosas que mi pareja me hacía, pero yo no pedía ni hacía solicitudes sobre otras cosas que me gustaban o quería probar y, ciertamente, no entregaba mucha retroalimentación. Es decir, cuando nos casamos, nuestros votos fueron acompañarnos en las buenas y en las malas hasta que la muerte nos separe. No decía nada acerca de dar y recibir retroalimentación sobre la forma en que nos gustaba acompañarnos sexualmente en esas “buenas y malas”.

Pero cuando empecé a descubrir la variedad en las diferentes formas en las que me gustaba ser tocada, quería compartir todos estos puntos de vista sorprendentes con mi marido. Por ejemplo, quería decirle que en vez de ese toque ligero como una pluma que me hacía cosquillas, yo prefería una mayor prensión para comenzar. Y que tenía otras zonas erógenas además de la “estándar”. Estas cosas eran intrigantes para mí, y yo estaba segura de que sería capaz de sacar provecho de este nuevo conocimiento.

Y luego “el terrible momento” llegó. Una noche mientras comenzábamos con el sexo, sintiéndome como la gran profesora que soy, empujé el brazo de mi marido lejos de algo que no quería ser tocado y lo conduje hacia algo que sí lo quería. También le hice algunos comentarios verbales claros y tranquilos sobre el tipo de contacto que quería en ese lugar. Impresionante, ¿verdad?

Pero el sexo se detuvo en ese momento. Por completo. La energía erótica voló por la ventana. Mi marido se convirtió en piedra. Yo estaba completamente molesta. Yo sabía lo que quería, y estaba lo suficientemente segura de mi sexualidad como para decirlo … Entonces, ¿cómo podría no estar completamente agradecido por este cambio y emocionado de llevarme a estados de éxtasis?!? Ninguno de nosotros fue capaz de explicar lo que nos pasaba, así es que nos quedamos en silencio y, finalmente, nos dormimos.

Llevamos este encuentro a nuestra próxima sesión con nuestro terapeuta sexual. Mientras hablábamos, me sorprendió escuchar su interpretación del momento. Después de años de no haber compartido mis sensaciones con mi pareja durante las relaciones sexuales, el lenguaje corporal y el tono de voz que había usado sonaron como un reto. Una reprimenda que vino a castrarlo y a poner en duda sus habilidades en el dormitorio. Uuups, ¿no?

Es interesante ver cómo la interpretación del mismo evento puede ser tan radicalmente diferente entre dos personas. Y, por supuesto, los dos teníamos razón, lo que significaba que cualquier solución al problema que enfrentábamos requeriría la participación de los dos. Al final, mi marido estuvo de acuerdo en mirar la retroalimentación como un regalo, que venía a animarlo en lugar de desalentarlo. Por mi parte, yo estaba de acuerdo en practicar dar mi retroalimentación estando presente, sin escaparme a mi rol de profesora y disfrutando de lo que estuviese pasando.

¿Alguna vez has dado la retroalimentación de manera sexy? No me refiero a la retroalimentación sobre el sexo. Me refiero a la retroalimentación SEXY. Podría ser diferente para cada persona, por lo que mi terapeuta me animó a probar cosas diferentes, pero para mí la forma segura de hacer esto es respirar lenta y profundamente para mantenerme en contacto con las sensaciones de calor y hormigueo ahí abajo mientras que entrego retroalimentación.

Por ejemplo, mi marido podía tocar el brazo de una manera que es demasiado ligera, y yo podría salir de la experiencia y decir con voz normal “quiero un tacto más fuerte”. Eso es una buena información, pero al decirla así pierdo contacto con mi cuerpo y la entrega no es muy convincente ni estimulante para mi marido.

Por otro lado, podría ronronear y susurrarle en la oreja “Me encanta cuando me agarras fuerte del brazo y aprietas, hace que te desee aún más.” Lo que encuentro realmente interesante de este enfoque es que ni siquiera parece como retroalimentación. Es más parecido a hablar sucio. Y funciona. Él se siente muy bien, y yo me siento aún mejor.

Así es que mandé a volar los votos tradicionales. Esto es para las buenas y las malas, dar y recibir retroalimentación sexy, hasta que estemos demasiado cansados ​​de todo nuestro increíble sexo y necesitemos irnos a dormir.

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Pam Costa
Acerca de Pam Costa (5 artículos)
Ella es Pam Costa, quien después de una década y media trabajando en Apple y Facebook, dejó su carrera en la alta tecnología para fundar Down to There (www.downtothere.com) y así compartir su historia de lucha con el deseo (y falta de) en su matrimonio y para inspirar a otros a buscar mejorar la intimidad en sus propias relaciones. A través de su escritura y coaching, facilita discusiones abiertas sobre el impacto negativo de las creencias culturales y sociales que recibimos sobre el sexo. Pam vive en Cupertino, California, con su esposo y su hijo de 9 años de edad. Ella es optimista de que los desafíos en torno a la sexualidad pueden proporcionar un acceso sorprendentes para renovar y profundizar la intimidad en las relaciones.
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