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La masturbación es algo malo… espera, ¿qué?

Cuando tenía más o menos seis años de edad, una amiga me llevo a su sótano y me enseñó cómo masturbarse. En aquel momento no sabíamos que existía un nombre para lo que estábamos haciendo, pero sabíamos que si nos tumbábamos sobre la panza con las manos entre las piernas y frotábamos, sentíamos placer. Me he seguido masturbando de forma muy similar hasta hace poco. Es algo que he hecho siempre en privado para liberar tensión rápidamente, y francamente es una actividad de la que siempre he sentido vergüenza.

No es sorprendente que mi costumbre de masturbarme me pareciera un secretillo sucio. Mis padres jamás me hicieron sentirme culpable. Pero si miras los resultados al buscar “masturbación” en Google, parece que el mundo entero piensa que la masturbación sea algo que no debemos practicar, y mucho menos discutir abiertamente con nuestros amigos y amantes.

Cuando decidí hacer frente al problema que yo había caracterizado como “mi baja libido”, me di cuenta de que si soy capaz de masturbarme entonces también tengo la habilidad de sentir deseo sexual. Con esa nueva perspectiva, empecé a preguntarme si vencer mi vergüenza de la masturbación podría ser la clave para desatar la tigresa sexual que llevo dentro.

La historia que cuento a continuación puede resultar impactante a algunos, y quizás aún me lo resulta a mí. Pero creo que compartirla hace más bien que mal, así que aquí va.

Mis repetidas búsquedas en Google me llevaron a descubrir la página web de Betty Dodson. Quizás no sepas quién es. Betty es una mujer de 86 años tremendamente activa que escribió el libro “Sexo Para Uno: La Alegría del Selfloving”. En su página web Betty describe el taller que lleva dirigiendo en su apartamento de Manhattan desde los años 1970. Sonaba muy poco convencional, pero motivada por mi espíritu de investigación para mí y los lectores de mi blog, respiré profundamente y me inscribí.

Unos meses más tarde me encontré en la entrada de la casa de Betty, desnudándome junto con otras 10 mujeres. Has leído bien. En los talleres de Betty se participa completamente desnudo… por un lado para desanimar a la gente que no está preparada para este tipo de educación, y por otro para eliminar las barreras físicas que alimentan nuestras prejuicios y falsas apariencias.

El primer día del taller tuvimos la oportunidad de conocer nuestros genitales. Es curioso que, si bien la mayoría de los hombres están muy familiarizados con sus órganos genitales, si se le pregunta a una mujer cómo identificar los suyos, lo más probable es que no sea capaz de hacerlo. ¡Las mujeres sencillamente no podemos ver nuestro órgano sexual! Por lo tanto, sentadas al lado de Betty examinamos nuestras vaginas con una luz y un espejo.

Os aseguro que este no es la rutina cotidiana para los participantes del taller. Una vez que se supera el ridículo de la situación, es tremendamente liberador ver los diferentes tamaños, formas, colores e incluso peinados de nuestras vaginas. Encontramos características comunes y aspectos únicos. Me sentí como en un bonito ritual ancestral de depuración de la vergüenza.

El segundo día, observamos cómo Betty demostraba su técnica de masturbación, con la ayuda de un vibrador Magic Wand. A continuación, nos dejó un par de horas para practicar. Este fue otro de esos momentos en los que te preguntas “¿de verdad estoy aquí haciendo esto?”, pero también fue muy educativo. ¡Igual que cuando tenía seis años, me encontraba observando no solo a una, sino a varias mujeres masturbarse de forma diferente! Cada vez que me atascaba y dejaba de encontrar placer, miraba alrededor de la sala y copiaba lo que hacía otra… esto resultó ser una forma sorprendente de aprender.

Desde que participé en el taller, he añadido algunos elementos nuevas a mi masturbación, incluyendo material erótico, un vibrador y lo mejor de todo: compartir la masturbación con mi marido. El taller de Betty no es necesariamente para todo el mundo, pero espero que mi historia permita a algunas personas quitarse el sentimiento de culpabilidad y disfrutar plenamente de la masturbación.

¿Qué medidas vas a tomar para abrazar nuestro “selflove” o autoplacer?

 

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Pam Costa
Acerca de Pam Costa (5 artículos)
Ella es Pam Costa, quien después de una década y media trabajando en Apple y Facebook, dejó su carrera en la alta tecnología para fundar Down to There (www.downtothere.com) y así compartir su historia de lucha con el deseo (y falta de) en su matrimonio y para inspirar a otros a buscar mejorar la intimidad en sus propias relaciones. A través de su escritura y coaching, facilita discusiones abiertas sobre el impacto negativo de las creencias culturales y sociales que recibimos sobre el sexo. Pam vive en Cupertino, California, con su esposo y su hijo de 9 años de edad. Ella es optimista de que los desafíos en torno a la sexualidad pueden proporcionar un acceso sorprendentes para renovar y profundizar la intimidad en las relaciones.
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