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Lo que nos enseñaron los dibujos animados que veíamos cuando chicas

Son muchos, pero muchos más pero recopilamos algunos clásicos que eran considerados apropiados para nosotras, las niñitas.

Candy: “Si me buscas tú a mí, me podrás encontrar…” ¿te suena esa melodía? De seguro que la cantabas cuando tenías unos 5 ó 6 años. La historia de esta niñita rubia y huérfana, sufrida como pocas, que llegó al hogar de Pony, que se enamoró de Anthony y que quedó viuda antes de tiempo para luego enamorare del rebelde Terry, sin duda caló hondo en todas las que la vimos llorar, gritar, saltar, luchar, etc etc etc. Intensa esa Candy.  Este monito animado que parece tan, pero tan inocente, no lo es tanto, en especial si tomamos en cuenta que la base del amor de Candy siempre era bien sufrido.

Angel la niña de las flores: Angel era esta niña bien parecida a Candy, de hecho era como su clon (nunca entenderemos eso, pero bueno), una niñita que andaba por todas partes buscando la maldita flor de siete colores, se la pasó todos los capítulos en la misma, para descubrir irónicamente que siempre estuvo en su jardín. ¡Cuak! Uno no sabe si reír o llorar miserablemente con ese final. Lo que nos lleva al a siguiente lección, que en vez de andar perdiendo el tiempo buscando algo por todas partes, abre bien los ojos porque quizás está en tu nariz.

Heidi: “Abuelito dime tú qué sonidos son los que oigo yo”… esta melodía también te debe sonar. Es de la serie animada Heidi, ustedes saben esa niñita media gordita de cachetito rojos, que queda huérfana y que quedaba al cuidado de su abuelo que al principio no estaba nada de contento con la presencia de la niña, pero con el tiempo, sucumbe ante su dulzura. Ahí en las montañas es que conoce a Pedro, un vecino y también se hace amiga de copo de nieve, una tierna cabrita. Al igual que Candy, la vida de Heidi es bien sufrida, de hecho después  de encariñarse con su abuelo, su tía se la lleva a Frankfurt, Alemania y su partida es bien triste, pero después se adapta de lo más bien ¡mal agradecida! Además yo creo que todas esperamos que algo pasara con Pedro y nunca pasó nada.

Marco: “¡No te vayas mamá, no te alejes de mí!”, triste de principio a fin. Resulta que la madre lo deja botado en Italia porque decide ir a probar suerte en Argentina, se supone que en nombre de su familia. Todo va bien durante un año, hasta que el niño deja de recibir las cartas de su madre, se trastorna y sale en su búsqueda. Finalmente ella había dejado de escribir porque estaba súper enferma y Marco después 52 capítulos logra encontrarla. En tiempos de wasapp o redes sociales, esto no habría pasado.

Los pitufos: Esto fueron mucho más que un monito animado, algunos especialistas aseguran que era una oda a algo así como al marxismo, y otros expertos han analizado a cada uno de los pitufos y sus personalidades (border line, hay que decirlo). Pero aún nunca nadie, pero nadie podrá explicar por qué sólo había una mujer pitufa: la pitufina. ¿Y cómo es que se reproducían? ¿y por qué vivían en callampas ah? En fin, como sean, cuando niñas seguramente nos divertíamos cómo los pitufos hacían enfurecer al agrio de gargamel y a su gato neurótico Azrael.

Los Picapiedras: Fueron creados en los años 60, pero en los 80 aún era muy famosos (bueno, aún lo son). Claro que si uno mira bien estos monitos animados, muestran a una familia machista, donde él (Pedro) es un imbécil que sólo sabe trabajar como esclavo y ella (Vilma) mucho más inteligente pero que debe ocultar su sapiencia, porque de lo contrario, seguramente la botan a la calle con Dino y todo.

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Jessica Ramos
Acerca de Jessica Ramos (64 artículos)
Periodista con experiencia en medios digitales. Blogger y Directora del blog Historias en mis 30 www.jessicaramos.cl

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