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¿Participas activamente en tu relación sexual o eres pasivo?

En las parejas se pueden dar distintas combinaciones de personalidades activas y pasivas en la cama; parejas en la que hay un activo y un pasivo (que muchas veces entran en conflicto por sentirse alguna de la partes poco deseado o bien agobiado por la insistencia del otro), parejas en las que ambos son pasivos (con muy baja frecuencia sexual que puede o no acomodarle a ambos) y parejas en las que ambos son activos (lo que les permite mantener una frecuencia sexual media a alta).

Ahora bien, cuando hablo de activos y pasivos, no me refiero a gente que tenga más o menos ganas de mantener relaciones sexuales, sino a aquellos que son más proactivos a motivarse y/o estimular al otro y los que son más responsivos a la estimulación de otro y/o poco y nada hacen por motivarse a mantener intimidad sexual. Por ejemplo ,el pensamiento de una persona activa es “tengo ganas o tengo ganas de tener ganas, así que hoy te buscaré y te daré eso que te gusta y te pediré eso que me agrada, no dejaré que la lata y la rutina nos aleje” Mientras que el pensamiento de una persona pasiva es “Me gustaría hacer el amor contigo, pero no te diré lo que quiero porque estoy acostumbrado a esperar que tu actúes antes. Yo no me atrevo a tomar la iniciativa” o “No siento ganas ni siento rechazo, pero si tu no me prendes y yo no intentaré prenderte, la verdad me he acostumbrado a esto de no tener sexo y si tú tienes ganas motívame a tenerlo”.

Esta pasividad la he visto en hombres y en mujeres, por lo que no es una cosa exclusiva a un género, sin embargo lo que mueve a cada quién a asumir a un rol pasivo parece tener ciertos matices que los diferencian.

En el caso de las mujeres esta pasividad hunde sus raíces en el aprendizaje histórico de género que las empujaba a forjar un modelo de “la buena mujer” a partir del control de sus impulsos sexuales y situando la sexualidad como un deber de pareja, alentándolas a adaptarse pasivamente a la sexualidad del hombre, quien era el “necesitado” y el “instruido” en el tema. Desde este modelo tradicional de “la buena mujer” ellas deberían ser ante todo madres (no mujeres sexuadas y deseantes) y deberían preocuparse de satisfacer a otros (para que no ser abandonadas). Asimismo, este modelo se encargó de trasmitir que la mujer que era “valorada por ellos” no era la “lujuriosa” alentando que ante la actividad sexual ellas suelan sentirse temerosas a la evaluación externa, optando por no proponer para “no equivocarse” y no comunicar sus deseos y necesidades “para no ser juzgadas”.

En el caso de los hombres, pareciera que el tema se conecta más con cuan capaces se sienten de satisfacer a su pareja (en tanto rendimiento sexual) y a la vez cuanto temen ser criticados por ésta. En definitiva, que nivel de ansiedad les genera las expectativas de ella y cuan capaz se sienten de cumplirlas. Estos hombres suelen creer que es “su responsabilidad exclusiva” que la vida erótica sea gratificante y ante la idea de no lograrlo, prefieren evitar la situación “para evitar conflictos y ahorrase frustraciones” Muchas veces encontramos que estos hombres son hipersensibles a la crítica producto de experiencias infantiles en su familia de origen o de bullying vivenciado en su época escolar que los volvieron inseguros, autoexigentes e inculcaron un fuerte miedo al rechazo si fallan o si son ellos mismos.

Como verán el deseo y la motivación a iniciar un encuentro sexual depende de sentir que se merece y se tiene derecho al placer y ello a su vez depende de la autoestima y autoimagen de cada quién como alguien que vale, es capaz, es atractivo y digno de ser amado. La gente que es insegura a menudo está prestando la atención a las necesidades de otra gente, más que a las propias, porque las fantasías de abandono o rechazo los moviliza más a reaccionar que proponer. Y es el peso de la expectativa ajena lo que termina paralizando a ellos y a ellas.

¿Quiere salir de la pasividad? Mi consejo trabaje su autoestima y empoderamiento, escuche su deseos, salga de la inercia, concéntrese en su propio placer y desafíe sus miedos. Y si no puede solito, pida ayuda a su pareja o a un especialista, que a veces basta con un empujoncito para poder volar.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com