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¿Por qué si soy tan buena persona, me va mal en el amor?

Si estás leyendo este artículo es altamente probable que tú seas o conozcas a una persona “muy buena gente”. Es decir, el tipo de persona que en sus relaciones de pareja es servicial, atento, entregado, leal e incondicional; que hace todo acorde a lo que la sociedad y los medios de comunicación les han dicho que tiene que hacer para agradar a su pareja. Sin embargo, pese a su intachable conducta en el amor, no logra establecer una relación comprometida en la que se sienta valorado, reconocido, cuidado o respetado.

Si es así, a continuación te dejo un listado de aquellas cosas que usualmente la “gente buena” hace y que no son “tan buenas” ya que terminan por jugar en contra de felicidad afectiva:

1) Ser muy buenos para dar, malos para pedir:

Si hay un factor común que he encontrado en mis pacientes que llegan a consulta preocupados por su “mala suerte” en el amor es que son muy buenos para dar y malos para pedir y recibir; es decir, invierten más de lo que el otro está invirtiendo desbalanceando la lógica de reciprocidad dentro de una relación; guiados inconscientemente por la creencia que el dar los hará queribles y que pedir o recibir los puede hacer quedar frente a los ojos de su pareja como egoístas, dependientes o necesitados; aumentando las probabilidades de ser abandonados o rechazados por éstos. Irónicamente, diversos estudios han dado cuenta que lo que más vincula alguien a otro es cuanto invierte en la relación (tiempo, esfuerzo, sentimientos, atenciones y dinero), no cuanto recibe del otro.

2) Premian la mala conducta:

La gente aprende de las consecuencias de su comportamiento. Cuando realizan una conducta y son recompensados, tienden a hacer lo mismo otra vez. Por el contrario, cuando realizan un comportamiento inadecuado y son castigados, tienden a dejar de repetir de ese comportamiento en el futuro. Esto se llama condicionamiento positivo y negativo.

El problema con las personas “buena gente” es que suelen tratar bien a sus parejas, incluso, cuando no merecen ser tratadas con tanta deferencia. Ello, ya que por una parte temen desagradar o crear conflicto y por otra, porque creen que al dar un “ejemplo” a seguir de amor incondicional, su pareja cambiará. En definitiva, las personas “buena gente” tienen dificultades para poner límites, hacerse respetar y valer, de modo que avalan que otros le traten mal.

3) Están demasiado disponibles:

Inconscientemente los seres humanos nos hemos forjado la creencia de que todo lo que es escaso o requiere esfuerzo para obtenerlo, es más valioso; a su vez, pensamos que lo que es fácil de conseguir o es muy abundante no lo es tanto. En este sentido, las personas “buena gente” siempre están disponibles, ya que suelen poner al otro y no a sus propios deseos, necesidades y vida como prioridad, de manera que giran en torno al otro, estando siempre alerta a satisfacerle aunque tengan que dejar cosas de lado o hacer grandes esfuerzos, con la esperanza de que su comportamiento conducirá a la gratitud y admiración de la pareja, por ser “tan aperrados y sacrificado”. Sin embargo, lo único que logran es que se vuelven menos deseables e interesantes para el otro, ya que al otorgarles seguridad tan pronto matan el juego de seducción y se vuelven excesivamente pasivos y pierden autonomía.

4) Idealizan al otro y se devalúan a sí mismos:

Las personas “buena gente” tienden a idealizar a las personas que les gustan y ponerlas en un altar a costa de su propia valía. Creen que su felicidad depende de su capacidad para agradar al otro, muchas veces a costa de no ser fieles a ellos mismos. ¿Por qué sucede esto? Porque secretamente sienten que ellos tienen que ganarse el amor, a raíz de una baja autoestima; situando al otro como la autoridad, como el que tiene todo lo deseable y ellos lo indeseable, teniendo que compensar con acciones su falta de valía personal. Esta búsqueda de aprobación y reafirmación, los lleva a establecer relaciones jerárquicas en con el otro y no relaciones igualitarias. Irónicamente, lo que hace que alguien quiera estar con un otro es que lo sienta “parner”, cómplice, un igual y que se guste a sí mismo. Tener todo el poder y ser idealizado desmotiva porque se vuelve una carga y dificulta admirar a otro, que no se admira a sí mismo.

Ya lo sabe…un poquito más de “maldad” lo hará más atractivo, confiado y feliz.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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