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¿Qué afecta más nuestra felicidad: el nacimiento de un primer hijo, quedar desempleado, separarse o que muera nuestra pareja?

Leyendo el Washington Post, me encontré con una interesante investigación de los alemanes Rachel Margolis y Mikko Myrskylä quienes evaluaron a 2.016 individuos que iban a ser padres, durante un periodo de dos años, pidiéndoles que calificaran de 0 a 10 ¿Qué tan satisfecho se sentía con su vida en general? El objetivo del estudio iba dirigido a entender el por qué de la baja tasa de fecundidad de los alemanes, quienes tienen 1,5 hijos; lo que contrasta con las encuestas en las que expresan querer tener al menos dos hijos.

Los resultados del estudio demostraron que alrededor del 30% de los encuestados mantuvieron aproximadamente el mismo estado de felicidad o que ésta mejoró tras el nacimiento de su bebé. Sin embargo, el 70% reportó que su felicidad se redujo durante el primer y el segundo año después del nacimiento de su primer hijo. De ese 70% de nuevas madres y padres, un 34% reportó una caída de una unidad de felicidad, un 19% reportó un descenso de dos unidades de felicidad y un 17% un descenso de tres unidades.

En definitiva, ser padre-madre de un primer hijo condujo a una caída promedio de 1,4 unidades de felicidad en un 70% de los entrevistados. Índice, que según los investigadores representa un grave deterioro del bienestar personal, esto al comprarlo con otros estudios que, utilizando esta misma escala, han observado cuánto disminuye la felicidad cuando gran parte de nosotros nos vemos enfrentados a otros eventos críticos, tales como un divorcio (decayendo 1 unidad de felicidad); quedarse desempleados (decayendo una unidad de felicidad) y la muerte de la pareja (decayendo una unidad de felicidad). Es decir, el nacimiento del primer hijo (particularmente los dos primeros años tras su nacimiento) puede tener un fuerte impacto negativo en la felicidad de una persona; efecto que, aunque usted no lo crea, puede resultar más devastador que divorciarse, quedarse sin empleo o enviudar.

Estos resultados explicarían el por qué de la baja natalidad de los alemanes. En este sentido, los investigadores Margolis y Myrskylä escribieron que tres serían los factores que conducirían a la decisión de no tener un segundo hijo:

1) Los problemas de salud y molestias experimentados por la madre durante el embarazo y como esto afectaba su rendimiento laboral.

2) Las complicaciones y dolores experimentados durante el parto que les causaba aprensión y ganas de evitar repetir la experiencia.

3) Y fundamentalmente, el estado continúo de agotamiento, la deprivación del sueño, el desarrollo de estados depresivos, el aislamiento social y los conflictos de pareja.

¿Preparándose para tener un primer hijo? Ya lo sabe, el tema no se limita a montarle una pieza y una cunita, sino que a fortalecerse a nivel personal y relacional para el cambio radical de vida que el crear una familia conlleva.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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