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¿Qué es lo que realmente peleas, cuando discutes con tu pareja?

Muchas parejas acuden a consulta buscando ayuda para poner fin a sus constantes peleas. O bien, en casos extremos, para subsanar la distancia emocional que han puesto hacia el otro como estrategia para no seguir peleando. Distancia que evita nuevos conflictos pero que sigue alimentando y ahondando la crisis, hasta un punto de no retorno.

Una de las primeras cosas que le explico a estas parejas, es que a menudo no entendemos por qué el otro se molesta tanto por algo que a nosotros nos puede resultar insignificante y viceversa. Señalándoles que la razón de ello es que usualmente cuando tenemos una gran pelea a partir de algo cotidiano en realidad estamos discutiendo otra cosa, algo más profundo. Y el que no hablemos directamente de la razón profunda de nuestro sentir (porque es altamente probable que no estemos siquiera muy conscientes de lo que verdaderamente nos duele o que creamos que lo comunicamos cuando en realidad estamos diciendo otra cosa) Nos conduce a terminar aferrándonos a un asunto mundano, que no deja ver o no logra poner en el tapete la raíz del conflicto.

Por ejemplo, podemos alterarnos y discutir porque nuestra pareja repetidamente no repone el papel higiénico cuando este se acaba. Pero, si vamos a la raíz del problema nos encontraremos con que en realidad, la pelea no es por el papel higiénico sino por las innumerables veces que no te sientes escuchada o porque sientes que todo el peso del hogar recae en ti.

Por esta razón, aliento a cada integrante de la pareja a intentar no ser reactivos y reflexionar antes de “lanzar la primera piedra” de manera que previo a dialogar con su pareja, hayan puesto en acción su inteligencia emocional para llegar a ese mensaje profundo que necesitan comunicar y luego explicitarlo de manera más efectiva y afectiva. Detenerse a reflexionar es particularmente importante si la reacción de enojo que se está sintiendo es desmedida con respecto al estímulo (la situación que la causa); entendiendo que sentir esas ganas irrefrenables de ir a confrontar o huir de la pareja, es un índice de que hay algo más profundo a tratar que por asociación se conecta con la situación cotidiana en cuestión.

A mi juicio, el éxito de una relación de pareja no depende de la habilidad de sus integrantes para callar y reprimir sino que la habilidad para autocontrolarse y hacer uso del incidente como una oportunidad para hablar de forma clara y contingente de eso que de fondo los perturba y que repetidamente se vuelve una traba importante en su dinámica relacional. En este sentido, si algo me ha enseñado la experiencia clínica y mi propia vida, son tres nobles verdades:

1- Lo que se reprime no se borra: es decir, que si optamos por negar o reprimir los conflictos sin resolverlos, iremos guardando la mugre debajo de la alfombra, con el coste de poner energías en una olla de presión que luego explota literalmente como un tsunami. Ya que, la aparente calma de quién acumula y reprime, da paso a una envestida sorpresiva que arrasa con todo. Y que suele causar severos daños a la relación y a la autoestima de ambos. Aprender a dialogar de forma contingente, efectiva y afectiva es una forma de prevenir y de construir en una relación.

2- Hablar de forma dura e impulsiva, no te ayuda a ser escuchado: Si bien es importante hablar lo que a uno le perturba, igualmente de importante es hacerlo cuando uno está calmado, es decir, que se ha controlado el impulso inicial de decir lo que en ese minuto “siento y pienso” y se ha podido reflexionar qué quiero que mi pareja entienda. Estableciendo así un dialogo que no es ni agresivo ni defensivo, sino que uno dirigido a facilitar la escucha empática, la negociación y el consenso. Para esto es clave dejar atrás la ganas de ganar o tener la razón, de desear el que el otro se “arrastre como un gusano” y de utilizar la crítica, el grito o la amenaza como herramientas para el otro escuche, entienda y se ponga en mi lugar; porque logrará exactamente el efecto contrario.

3- Oír no es escuchar: Las peleas no solo se resuelven porque el modo de comunicar los contenidos es adecuado, sino que porque también hay un receptor abierto a poner atención, escuchar empáticamente y hacer el esfuerzo de mirar desde la otra orilla, reconocer su responsabilidad en la situación, pedir perdón o generar los cambios adecuados, según corresponda. Este rol es clave a la hora de calmar sentimientos heridos, contener y renovar la seguridad del vínculo. Y si algo tiene que recordar quién escucha a quien se queja, es que si bien pareciera que lo que alega es una tontera, probablemente lo que hay de fondo no lo sea, entonces, antes de devaluar o poner fin a la conversación ¿por qué no tratar de ayudar a la pareja a descubrir cuál es el problema real? Si lo hace su pareja se sentirá profundamente amada.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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