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¿Qué es peor, discutir cuando estás enojado o cuando estás triste?

Leyendo Psycology Today me encontré con un interesante artículo de neurociencias (basado en la investigación de Galen Bodenhausen, profesor de psicología en la Universidad de Northwestern) que señalaba que la sede de la ira es la amígdala cerebral y que esta emoción activaría la parte más primitiva de nuestro cerebro: el cerebro reptiliano, produciendo cambios psicofísicos tales como aumento de las pulsaciones, de la presión arterial y la secreción de epinefrina. Mientras que la tristeza tendría como sede el hipocampo cerebral y activaría zonas de nuestro cerebro racional, al ser una emoción que se basa en la memoria y la interpretación de experiencias y que usualmente no conlleva cambios psicofísicos de envergadura.

Y ¿qué significa todo esto?

Que cuando estamos enojados, hablamos desde nuestro cerebro primitivo e irracional, es decir, la ira sabotea nuestra capacidad de ser racionales, por lo que, si discutimos con nuestra pareja mientras estamos enojados, nuestras opiniones difícilmente serán inteligentes y tenderemos a dirigir nuestra agresión hacia la personalidad de nuestra pareja (“tú eres…”) en vez de centrarnos en la situación que dio pie al conflicto (“cuando sucedió X me sentí…).

Mientras que, si estás triste, aún seguirás conectado con tu cerebro racional, por lo que podrás argumentar con cierto nivel de claridad (ya que a diferencia de la ira no te vuelves ciega e irreflexiva) y continuar enfocada en la situación (sin sentirte impulsado a agredir o defenderte del otro).

Por lo tanto, podemos concluir que discutir cuando se está iracundo es peor que hacerlo cuando te sientes triste, la razón es muy simple: la ira nubla tu racionalidad y te vuelve propenso a perder el autocontrol; por ende, te impulsa a decir y hacer cosas de las que más tarde te vas a arrepentir. Si estás triste tu emoción teñirá tu percepción, pero eso no significa que no estés abierto a recibir información que pueda generarte tranquilidad y alivio; la tristeza es una emoción que impulsa a la cercanía y a tratar de llegar a un acuerdo positivo con otro (que se necesita para sentirse aliviado) la ira, en cambio impulsa a la distancia y a la destrucción.

¡Ya lo sabe! No se comunique con su pareja hasta que pase al menos de la rabia a la tristeza; mejor aún si lo hace desde la calma, extrayendo el mensaje racional tras la irracionalidad. Lo importante es que no deje que la bestia verde se comunique por usted, porque “las palabras no se las lleva el viento”.

 

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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