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Sexualidad y lactancia ¿enamorada o adicta a mi bebé?

Una de las cosas que no nos advierten a las mujeres es que la maternidad conlleva un profundo cambio en nuestra estructura y química cerebral que nos conduce a literalmente perder la cabeza por nuestro bebé y dejar relegada a la pareja a un segundo plano, lo cual además de ser muchas veces incomprendido por los hombres, nos trae a nosotras un sinfín de cuestionamientos miedo e incluso culpa por no saber qué nos está pasando.

Resulta que la naturaleza es sabia y para asegurarse de que nos hagamos cargo con todas nuestras fuerzas de ese pequeño ser, biológicamente nos induce a que nos “enamoremos” de aquél y que incluso desarrollemos cierto grado de dependencia física al contacto y nutrición de éste ¡imagínense, si una madre está dispuesta a sacrificar más de 700 horas de sueño por cuidar su bebé, el primer año de vida!

La explicación, una aumento de hormonas: oxitócina (hormona del amor) dopamina (hormona del placer) y prolactina (hormona que permite la lactancia pero a la vez inhibe el deseo sexual).

Es decir, al tomar contacto diario con nuestro bebé –especialmente con su olor: feromonas- y amantarlo, se desencadenan una ola química en nuestro cerebro que nos hace considerar a nuestra cría el ser más maravilloso y el centro de nuestro mundo, nos hace sentirnos plenas y satisfecha física y emocionalmente y para colmo nos inhibe las ganas de acercarnos sexualmente a nuestras parejas, lo que muchas veces se ve reforzado por el hecho de presentar sequedad vaginal o falta de lubricación a causa de los efectos de la prolactina.

Y ahí, en el rincón, muchas veces quedan nuestras pareja, relegadas a un segundo plano a nivel afectivo, sexual y muchas veces de participación en la crianza, porque la verdad a varias el “shot” hormonal nos ponemos como Golum de el Señor de los Anillos, diciéndonos para nuestros adentros: “este precioso tesoro es sólo mío”.

Si queridas mías, nos volvemos adictas a nuestro bebé, ya que cada 3-4 horas nuestro cuerpo nos reclamará su cercanía y la necesidad de amamantarlo para sentirnos mejor, es más, al volver al trabajo o comenzar con el destete sentiremos algunos síntomas de abstinencia, tales como, ansiedad y/o angustia.

Entonces ¿qué podemos hacer ante este panorama para no olvidarnos que somos 3 y no sólo 2?

1- Importantísimo es que incluyamos al padre en la crianza, porque las feromonas también lo afectarán a él, calmando su ansiedad por mantener contactos sexuales y afectivos con nosotras y dándonos un importante espacio para descansar: el cansancio y estrés es anti deseo y anti placer.

2- Programar el sexo, aunque no hayan muchas ganas, intentar hacerse un espacio y un momento para ello y para que sea gratificante es vital que nos RELAJEMOS: un baño de tina tibio, un aroma terapia, un buen masaje y alguien de confianza que nos cuide por unas horas a la guagua y santo remedio.

3- Muy importante, durante la lactancia utilizar lubricante (acuoso) para que la relación sexual resulte placentera y no dolorosa.

4- No olvidarnos que además de mamás somos pareja y mujeres. Y ellos que además de hombre y pareja, son padres. Cooperación y comprensión son clave. Intentar equilibrar nuestros deseos, pensamientos, necesidades, sentimientos y conductas teniendo en cuenta que somos uno, dos y tres a la vez.

5- Y por último ya sea en el trabajo o durante el destete, cada cierto tiempo sacarnos leche, ello aliviará no sólo nuestros pechos sino que nuestras necesidades químicas de las cuales los últimos meses nos hemos vuelto adictas.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com