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“Viagra” femenino: ver para creer

A lo largo de la historia, diversas pildoritas han trasformado nuestra realidad sexual: fue en 1957 cuando fue aprobada y comercializada por primera vez la píldora anticonceptiva, posibilitando que millones de mujeres nos liberáramos de las aprensiones del embarazo no deseado y pudiésemos disfrutar la actividad sexual sin fines reproductivos. Tres décadas más tarde, en 1998 sería otra pildorita de color azul, la que revolucionaría las alcobas y la sexualidad masculina: el Sildenafilo, conocido comercialmente como Viagra, que actuaría a nivel genital facilitando alcanzar una erección al propiciar los cambios fisiológicos propios de la excitación. Y es en agosto de 2015 que la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos) aprueba la comercialización de Addyi (filbanserin), alias el “viagra femenino”; pildorita rosada que promete se publicita como la solución a la consecuencia propia del amor duradero, profundo y monogámico: la “falta de ganas. Esto al incrementar la dopamina en nuestro cerebro (químico asociado al apetito-motivación) y nivelar la serotonina (químico asociado con la sensación de saciedad-anhedonia).

Sin embargo, este medicamento no es el único fármaco que se ha estado formulando con este fin, sabido es que otro medicamento lleva un buen tiempo en vías de experimentación, este medicamento tendría el nombre de “Lybrido” y sería un coctel de testosterona (hormona asociada al impulso sexual), buspoirone (un tipo de ansiolítico que permitiría disminuir los niveles de serotonina, aumentando los de dopamina y con ello los de testosterona) y un símil del sildenafilo (compuesto que facilita el flujo sanguíneo de sangre a los genitales, facilitando el proceso excitatorio). Que de ser aprobado por la FDA, haría su aparición en el mercado el próximo año.

Pero la pregunta es ¿Cuáles son los alcances reales de Addyi y potencialmente de Lybrido? Teniendo en cuenta que la práctica clínica deja entrever que la inhibición del deseo sexual femenino, en la mayoría de los casos, no es reducible a un mero desbalance neuroquímico de nuestro sistema nervioso central o a la deficiente irrigación de nuestro genital.

En mi experiencia como terapeuta he podido observar que hay diferentes razones por las cuales las mujeres dejan de sentir “ganas” de tener intimidad sexual, las más usuales son:

1) Problemas de comunicación que dan pie a un distanciamiento emocional y sexual; peleas donde una de las partes se queja, critica o insiste en hablar y la otra no escucha, se cierra o se aleja. El resultado: escazas ganas de acostarse con quien no se pone en mi lugar o no me valora.

2) Excesivo enfoque en los niños, que dificulta abandonar el “rol de mamá” para ser una mujer autónoma y pareja. El estar constantemente conectados a los hijos y no tener espacio personal disminuye la líbido, en parte por el agotamiento, pero mayormente porque el deseo tiene más que ver con lo que yo quiero y la distancia, que con satisfacer a alguien más y estar pegoteado a otro.

3) Sentirse desatendidas por una pareja que hace del trabajo la prioridad número uno o que es raptado por la tecnología; acarrea rabia y resentimiento del tipo “no voy a premiar a quien no me pesca” o “no me motiva tener sexo con alguien que no le intereso”.

4) Expectativas negativas asociadas a la actividad sexual que llevarían a evitarla, que pueden ser el resultado de la presencia de otro trastorno sexual o de una conducta erótica que cause dolor, molestia, inseguridad, reproches, rabia, frustración, vergüenza o conflictos de pareja.

5) Estar deprimido o muy estresado, en ambos casos conflictos y preocupaciones nos tienen raptados por nuestra mente, desconectados de nuestro cuerpo y de nuestra capacidad para percibir sensaciones agradables y placenteras (En estos casos creo que estos “viagras femeninos” podrían ser un aporte eficaz)

6) Comodidad y pereza, al tener a la pareja “segura” y no contar con las herramientas cognitivas para automotivarse y estimularse a tener ganas.

7) Falta de novedad y excesiva rutina en su relación; asociado a una pareja poco proactiva, y escasamente detallista y seductora.

8) Una imagen corporal negativa y baja autoestima.

Si la pastillita rosa es la solución a todas estas cosas ¡fantástico! Pero, como dice el viejo dicho “ver para creer”. Mientras no se comprueben tales milagros, prefiero no canonizar a ninguna pastillita que se marketea como el santo grial del deseo femenino. ¿Y usted?

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com

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