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“Yo no necesito sexo”… ¿lo han escuchado?

La atareada rutina del día a día facilita que muchas parejas antepongan una larga lista de responsabilidades (laborales, parentales, familiares o sociales) que poco a poco terminan por distanciarlos como pareja. Distancia de la cual no son conscientes o de la que no se hacen cargo hasta que aparece alguna sintomatología en el área sexual que pone al descubierto que algo no anda bien.

Hay quienes ante la aparición de algún tipo de trastorno sexual muestran angustia y aprensión por resolverla lo antes posible, ya que consideran la intimidad erótica como algo fundamental del bienestar de su relación. Sin embargo, también son muchos y muchas los que creen que no necesitan “tener sexo” para estar bien con su pareja; opinión que la pareja no suele compartir (por algo acuden a mi consulta).

¿Quién tiene la razón? ¿Qué postura es normal o anormal? Eso depende de que entendamos por sexo y qué queremos decir cuando digo “yo no necesito sexo” para estar bien con mi pareja. ¿Está usted hablando de sexo como coito-penetración o habla de sexo como el amplio espectro de contactos físicos y gestos relacionales que facilitan la conexión, intimidad y disfrute físico con su pareja?

Mi experiencia profesional me ha demostrado repetidamente que reducir la sexualidad al coito-penetración, es lo que tiene a muchas y muchos desmotivados y reacios al contacto íntimo; escudándose en el cansancio para no tener que llegar a la situación coital que perciben desde la lata, agobio, presión y deber; temerosos de que la fisiología no acompañe las expectativas ajenas.

Asimismo, he podido corroborar que las parejas que amplían su visión de la actividad sexual al placer mutuo, de diferentes fuentes y libre de metas rígidas, suelen tener una mejor disposición y motivación a la intimidad erótica, así como una percepción más positiva de la experiencia vivida y de la relación de pareja en sí misma.

Ahora bien, considero tan clave el ampliar la visión de la intimidad en lo que refiere a posibles fuentes de placer y disfrute no coital y coital, como entender que intimidad no es sólo lo que sucede en la privacidad de nuestra alcoba sino todo lo que diariamente ocurre fuere de ella y que propicia una disposición de cercanía, complicidad, conexión, confianza, admiración y positivismo hacia el otro.

Por ello, cada vez que me preguntan en matinales y programas de radio ¿Cuántas veces por semana uno debería mantener relaciones sexuales? (para el bienestar de la relación) Me genera cierto nivel de impotencia, porque la pregunta suele ir dirigida a cuantos coitos semanales tenemos que realizar. Cuestionamiento que suele avivar el mito y la ilusión de las masas de que el mecánico “mete-saca” es lo que define mayormente la felicidad en pareja. En vez de dirigir la mirada a cuan seguido deberíamos de cultivar nuestra intimidad de pareja si es que queremos crear el ambiente propicio para motivarnos a la intimidad erótica. De ser así, las preguntas serían ¿Cuánto tiempo diario deberían las parejas destinar a conversar sobre ellos mismos y no de la pega ni de los hijos?¿Con qué frecuencia deberían de piropear, agradecer, valorar o motivador al otro? ¿Cuántas veces deberían de sonreír y acariciar a su compañero? ¿Cuánta atención diaria debería dedicarle a actividades compartidas?¿Cuán importante es que cada quien adopte una actitud proactiva en su relación? ¿Cuán relevante es mirar el vaso medio lleno, para tener ganas? ¿Cuántas veces a la semana deberíamos tener un espacio y tiempo exclusivo de dos? etc.

La experiencia clínica me lo demuestra una y otra vez que el construir una intimidad afectiva de calidad es el botón que pone en marcha las ganas y crea la antesala propicia para subsanar disfunciones sexuales varias; pero por sobre todo es la clave de la satisfacción en pareja, no lo digo yo, lo dicen mis pacientes que tras el proceso terapéutico terminan situando lo sexual-coital como el 10 al 30% de su satisfacción de pareja. Quien más añoraba frecuencia coital termina haciéndose consciente que lo que realmente quería era conexión y cercanía, y que quien tenía menos disposición se siente motivado al erotismo porque su deseo es encendido por la intimidad alcanzada. Podemos vivir sin sexo, claro que sí, pero no podemos ser felices sin un vínculo armónico con nuestra pareja y en este sentido la sexualidad corona y se renueva en esa experiencia de gratificante unión. Intimidad afectiva e intimidad erótica se nutren mutuamente, al dejar frecuentemente de atender a alguna termina por debilitar a la otra. Para mí, no es un tema de frecuencias es un tema prioridades.

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Constanza del Rosario
Acerca de Constanza del Rosario (240 artículos)
Psicóloga especialista en relaciones de pareja y sexualidad. Yogadicta. Me contactan en: constanzadelrosario@gmail.com